¿Adiós?¿En serio?
En qué jodido momento se le ocurrió al ser humano que la única manera de despedirse de alguien es decir adiós. Pero no adiós de los de ''te veo luego''. No. Adiós de ''no voy a volver a verte, ni a hablarte, ni a saber de ti, ni si quiera quiero que te nombren delante de mía''.
¿De verdad alguien se ha creído todo ese rollo de que olvidar es echar dos dedos más a la copa?
¿O lo de fumarse 3 porros para no pensar durante 30 minutos?
La pregunta es: si no queremos doler, para qué dejamos entrar a nadie.
Nos auto engañamos creyendo que separarnos de una persona a la que has querido tanto como un día con sol en pleno enero es lo más sencillo. Que tirar fotos, quemar cartas, borrar canciones, borrar su número... es la única jodida solución para superar que quién entra, se va. Que quién decide quedarse se acaba marchando.
No hablo de relaciones, hablo de sentimientos, que menos mal que a veces no va ligado.
Nos creemos auto suficientes.
Creemos que podemos enamorarnos y salir ilesos, que podemos pasar página como quién salta de baldosa en baldosa. Pero el puto corazón no es una baldosa que espera ser pisada por un zapato que no duela, ni manche, ni rompa.
Supongamos que todos podemos olvidar, eso no sería amor. Nadie sabe olvidar, siempre vuelve, un olor, un gesto, una manera de mirar. O un día de lluvia. Una voz que le recuerde a la mía. O un vestido. O quizás la manera de andar de alguien. O cuando cierre los ojos y me vea tropezándome. Siempre volvemos a alguien del que un día decidimos salir.
Siempre volvemos.
Siempre vuelves.
Y eso es el olvido.
Volver, siempre.
En cualquier momento, en cualquier canción.
Por lo que olvidar, no existe.
Sencillamente asumimos, y nuestra cabeza poco a poco va dejando sitio a nuevos saludos para posteriores despedidas.
Pero dentro, cualquier domingo o cualquier sábado al quitarte las medias aparecerá. En tu cabeza, claro.
Y eso es todo lo que sé del amor o como queráis llamarlo.
O sea, nada.