domingo, 6 de abril de 2014

Adiós.

Adiós.
¿Adiós?¿En serio?
En qué jodido momento se le ocurrió al ser humano que la única manera de despedirse de alguien es decir adiós. Pero no adiós de los de ''te veo luego''. No. Adiós de ''no voy a volver a verte, ni a hablarte, ni a saber de ti, ni si quiera quiero que te nombren delante de mía''.
¿De verdad alguien se ha creído todo ese rollo de que olvidar es echar dos dedos más a la copa?
¿O lo de fumarse 3 porros para no pensar durante 30 minutos?
La pregunta es: si no queremos doler, para qué dejamos entrar a nadie. 
Nos auto engañamos creyendo que separarnos de una persona a la que has querido tanto como un día con sol en pleno enero es lo más sencillo. Que tirar fotos, quemar cartas, borrar canciones, borrar su número... es la única jodida solución para superar que quién entra, se va. Que quién decide quedarse se acaba marchando.
No hablo de relaciones, hablo de sentimientos, que menos mal que a veces no va ligado.
Nos creemos auto suficientes. 
Creemos que podemos enamorarnos y salir ilesos, que podemos pasar página como quién salta de baldosa en baldosa. Pero el puto corazón no es una baldosa que espera ser pisada por un zapato que no duela, ni manche, ni rompa.
Supongamos que todos podemos olvidar, eso no sería amor. Nadie sabe olvidar, siempre vuelve, un olor, un gesto, una manera de mirar. O un día de lluvia. Una voz que le recuerde a la mía. O un vestido. O quizás la manera de andar de alguien. O cuando cierre los ojos y me vea tropezándome. Siempre volvemos a alguien del que un día decidimos salir.
Siempre volvemos.
Siempre vuelves.
Y eso es el olvido. 
Volver, siempre. 
En cualquier momento, en cualquier canción.
Por lo que olvidar, no existe.
Sencillamente asumimos, y nuestra cabeza poco a poco va dejando sitio a nuevos saludos para posteriores despedidas.
Pero dentro, cualquier domingo o cualquier sábado al quitarte las medias aparecerá. En tu cabeza, claro.
Y eso es todo lo que sé del amor o como queráis llamarlo.
O sea, nada.

domingo, 2 de febrero de 2014

Por suerte o por desgracia.

Chicas que se enamoran perdidamente y no vuelven a ser encontradas.
Todas hemos tenido alguna vez lo que en el fondo sabíamos que no podríamos querer.

Algunas se han acostado con otros creyendo que así olvidar costaría menos, aunque al final, siempre hemos terminando recordando más. También habrá chicas que han llorado en una cama al darse cuenta de que realmente querían estar en otra.
Muchas de ellas habrán soltado lágrimas al ir en un coche con el chico equivocado pasando por sitios en los que antes había estado con el correcto.
Otras, seguramente bebieron demasiado el sábado pasado para hacer como si nada delante de sus amigas, amigas, que si realmente son amigas, se darían cuenta de lo bien que fingía esa risa.
Chicas, que se hacen grandes al no mandar el típico mensaje que se manda cuando llevas unas copas de más, aunque seguramente el domingo no hicieran otra cosa que llorar. Algunas estarán intentando averiguar que hicieron mal, sin entender que a veces ellos se van porque nosotras los tratamos demasiado bien. Seguramente hay chicas que estudian menos desde que recuerdan más.
Chicas valientes que luchan por lo que quieren aún cuando le han pedido que se aleje, cobardes que se alejan cuando le han pedido que se quede. Incluso más de una irá de la mano por la calle con otra mano diferente a la que querrían agarrarse, y quizás algunas quedaran con otros por compromiso, compromiso que sólo tendrían con el que ya no puede quedar.
Las que han querido y han podido olvidar, si leen esto, recordaran lo que han sentido. Las que quieren y no han conseguido pasar página, al menos, sentirán que no es la única que siente.

Las que querrán, quizás después de esto quieran querer menos, pero no sé si por suerte o por desgracia, terminarán queriendo igual que las que lo hemos hecho y las que seguimos haciéndolo.